GEOSMINA… olor a vida

por Enrique García y García
8 mayo, 2021

GEOSMINA… olor a vida

 

Los avisos naturales de ciertos fenómenos climatológicos son conocidos entre la gente del campo para programar sus actividades. La temporada de lluvias es anunciada con las famosas cabañuelas y dependiendo del día en que caen las primeras precipitaciones vaticinan los meses en que aparecerán las primeras lluvias en el transcurso del año. Este conocimiento empírico del tiempo no es aplicable hoy en día por los agricultores modernos y está lejos de ser confiable, particularmente por la atipicidad de varios parámetros meteorológicos como la temperatura y la presión hidrostática, por lo que este pronóstico queda como una simpática leyenda campirana.

 

Otro aviso de la inminente caída de agua en determinado sitio, es el viento que se deja sentir en la superficie, y esto no es ninguna leyenda sino la respuesta a cambios de presión atmosférica entre las masas de nubes cargadas de agua y la superficie terrestre. El viento es presagio de lluvia.

 

La sequía que enfrentamos en estos días es un común denominador en la mayor parte del territorio nacional. En las Glosas próximas anteriores se hacía referencia a lo que está ocurriendo en las presas del Bajío en donde casas y templos han quedado al descubierto y marcan hasta dónde ha bajado el nivel de captación. La información que se tiene de los niveles de las presas en todo el País es desoladora por las gravísimas repercusiones agropecuarias que se reflejan en el bienestar de las personas. Alarmante.

 

Muy recientemente y en diferentes lugares del País, está inundando el aire que respiramos el olor característico de la tierra mojada. Ese olor aromático que a todos gusta, lo es por el aroma en sí y por lo que significa: humedad en el ambiente.

 

Ese inconfundible olor es la geosmina, que significa “aroma de la tierra”, y es un compuesto orgánico producido por microorganismos presentes en el suelo y en la superficie de varios frutos, que al combinarse con el agua despiden el ese “olor” tan característico. Al captar ese aroma, muchos animales se dirigen hacia el lugar donde se origina, que es precisamente donde hay humedad, y en muchos casos ese sitio puede estar a decenas de kilómetros de distancia. La geosmina es la pista olfativa de animales sedientos para alcanzar una fuente de agua.

 

Se decía que las bacterias que originan la geosmina, se encuentran también en las flores de ciertas cactáceas que atraen insectos en busca de agua y de esta manera polinizan la flor. De la misma manera, y en determinados sitios, aparece la geosmina y de ahí la razón por la que algunos vinos tienen un “aroma terroso”.

Es necesario aclarar que ese perfume que permanece suspendido en el aire después de la lluvia, es el resultado de la combinación de tres aromas diferentes: el ozono, la geosmina, ya aludida, y el petricor. El primero se deja oler después de una tormenta eléctrica durante una intensa lluvia, el segundo y más intenso, se asemeja al vapor que despide un moho en plantas o suelo húmedo; en tercer término esta el aroma de despiden las piedras y rocas cuando les cae agua después de mucho tiempo de sequía.

 

En este texto, el olor a tierra mojada lo referimos a que proviene de la geosmina porque es el que percibimos con más intensidad y además, es el que emana de las tierras de cultivo, donde se produce gran parte de nuestros alimentos. Hay olores que nos transportan a lugares y situaciones determinadas y ese aroma a tierra mojada lo asociamos gratamente por la inminencia de las lluvias y todo lo que conlleva.

 

Nos gusta el aroma de la geosmina porque es olor a vida.

 

 

9 de mayo de 2021

Publicación anterior YURIRIA… se seca