OZONO … ¿bueno o malo?

por Enrique García y García
21 mayo, 2013

No conozco gráfica alguna que muestre las contingencias atmosféricas en la Ciudad de México a lo largo de tiempo, para hacer alguna predicción y, obviamente con las reservas del caso, pues estamos llenos de sucesos atípicos reales provocados por el Cambio Climático. No obstante lo anterior, con esos datos estadísticos se podría hacer un análisis sobre la aparición de las contingencias en todas sus modalidades y, más complicado aún, los efectos de los agentes nocivos de la contaminación en la salud de los habitantes por rango de edades. Trabajo de investigación en serio. ¿Quién le entra?

Dado el crecimiento de la Ciudad de México e incrementos en sus niveles de contaminación, desde hace muchos años se analizaba la posibilidad de modificar la dinámica del aire metropolitano, pues sus características topográficas hacen del llamado Valle de México, una cuenca que propicia la acumulación de gases al tener una sola salida natural hacia el Norte.

Durante mis años universitarios en la Facultad de Ciencias en la UNAM, oíamos soluciones académicas que como estudiantes veíamos razonables sin embargo no viables. Una de ellas era el colocar mega extractores de aire en las laderas cerradas del Valle para enviarlo a otros sitios para su dispersión. Ideas por retomar.

Destaco que, en paralelo a la ejecución de diversos estudios para combatir la alta y creciente contaminación de la ciudad, las autoridades capitalinas se abocaron a diseñar un conjunto de indicadores de la calidad del aire para caracterizarlo y tener elementos fehacientes para prevenir los daños inmediatos a las personas. Esta labor de vigilancia se concretó en 1982 y así se originó el Índice Metropolitano de Calidad del Aire, más conocido por sus siglas, IMECA. La norma oficial correspondiente se publicó en 2006 y la comparto: http://bit.ly/111KZAi En ella se describen los indicadores que lo forman y que sirven de base para determinar los niveles de contingencia atmosférica, sus efectos en la salud y, las medidas de protección que se deben tomar.

Siguiendo el orden y nomenclatura de la susodicha norma, los seis índices IMECA son los siguientes: O3 (ozono), NO2 (dióxido de nitrógeno), SO2 (dióxido de azufre), CO (monóxido de carbono) y dos más relacionadas con las partículas suspendidas en el aire, denominadas PM10 y PM 2.5 . Allí mismo se encuentra toda la información necesaria para entender la conformación de los rangos de valores que originan los niveles genéricos de la calidad del aire, y entendibles para toda la población. Referencia obligada. Desde mi modesto punto de vista agregaría a ese conjunto, la radiación ultravioleta (UV) como un séptimo indicador, pues además de que per se constituye un agente perjudicial directo, es fundamental para la formación de uno de ellos: el ozono.

Ese gas tan “en boga” hoy en día, es una variedad de la molécula del oxígeno que respiramos, O2, pero con un átomo más, lo que da lugar al O3. Así de simple. La dificultad para entender la doble cara del ozono estriba en que por un lado se nos dice que ciertos compuestos CFC (clorofluorcarbonados), ver Glosas http://bit.ly/10ebnpg , destruyen la capa de ozono que nos protege de la radiación UV, y por otro, se menciona que en el aire que respiramos se encuentra un contaminante que es justamente el mismo gas. Con gusto hago unas “Aclaraciones pertinentes”.

El O3 se forma a partir del O2 presente en el aire o bien como parte de otros compuestos como el NO2, CO2 y CH4. Para que se produzca el ozono se necesita además una fuente energética natural importante como la radiación solar o una artificial de tipo eléctrico. La molécula de O3 es muy inestable y por ello reacciona rápidamente dejando como subproducto el mismo O2.

En la zona que envuelve la atmósfera, la estratósfera, se encuentra el O3 “bueno” que forma la capa protectora de UV, pero en la atmósfera, donde está el aire que respiramos, se puede formar un O3 “malo”, que en determinadas concentraciones puede ser muy tóxico de aquí que se le considere contaminante. Este ozono no es primario sino secundario, dado que su generación se lleva a cabo a partir de los precursores ya mencionados y, la energía lumínica del sol. Aún y cuando los contaminantes primarios puedan llegar a considerarse venenos, el ozono es más peligroso pues a bajas concentraciones de sus antecesores, se puede formar y acumular en niveles dañinos si se tiene una radiación incidente UV fuerte.

Por lo anterior, no es raro que un día se tengan índices de contaminantes primarios aceptables y el indicador O3 sea detonante de una alerta de contingencia ambiental. El ozono tarda en producirse y es sujeto a dos variables clave: concentraciones de precursores e intensidad de la energía solar.

Es oportuno señalar que también hay otro ozono “bueno” que se puede generar artificialmente y será así, siempre y cuando no rebase determinados valores que lo convertirían en “malo”. Utilizado de manera controlada, el O3 es un extraordinario desinfectante de agua potable o recintos a esterilizar, dada su rapidez y fuerza de reacción. Hace unos años fungí como co-fundador de una sociedad llamada “Ozono Ecológico”, orientada al uso del gas para esas aplicaciones. Experiencias. Dos recomendaciones: http://1.usa.gov/10i6f04 y http://amzn.to/10i4YWS ; el último, un clásico.

Resumiendo, el ozono “bueno” es el escudo contra la radiación UV y un bactericida ideal para el agua potable y otros usos, y el “malo” es el contaminante producto de la generación de CO2 y NO2 provenientes de vehículos e industrias.

Así las cosas tenemos las dos caras del mismo gas y en nuestras manos puede estar que sea el “bueno” el que prevalezca y no se genere el “malo”, pues éste no perdona y ataca de manera súbita. Ozono… ¿bueno o malo?, de nosotros depende.